Hace un tiempo, cuando asistía a un taller de
escritura, el profesor nos presentó a un escritor cordobés, Jorge Ferraro. La
ocasión era que iba a salir su segundo libro y quería invitarnos a la
presentación.
Por supuesto, allá fui.
Ahora, Jorge tiene tres libros en su haber y en
cada uno novela la vida de un personaje real: Lucio Cornelio Sila, Paul Gauguin
y Marilyn Monroe. El primero es un ladrillito de 900 páginas, algo digno de
admirar.
Jorge Ferraro es un polifacético militar retirado que estudió Ingeniería de Sistemas y
ahora se dedica profesionalmente, además de a escribir, a los negocios y la
dirección de empresas. También es un fanático del ciclismo, actividad que
practica constantemente.
CHB.: Hola Jorge, me
gustaría que nos cuente por qué decidió empezar a escribir ¿fue una asignatura
pendiente? ¿Una necesidad de expresarse y comunicar algo? ¿Qué lo motivó?
Comencé a escribir profesionalmente, por así
decirlo, a los dieciocho años. Estudiaba en Buenos Aires. En aquellos tiempos
las comunicaciones eran muy pobres. Así que la única manera de comunicarnos con
nuestras novias era a través de la correspondencia epistolar. Compartíamos el
claustro individuos provenientes de todas partes de la Argentina. Así las
cosas, a la tercera semana se acabaron las ideas. Nadie sabía que más decir en
la próxima carta. Se me ocurrió entonces pasar al pizarrón, todos los jueves, y
escribir mi texto para que mis compañeros lo copiaran. Sólo cambiaban el
destinatario y la firma, el resto era casi igual. Ese fue el comienzo. Luego
vinieron los discursos para terceros, una columna en una revista política,
artículos de viajes en periódicos y, por fin, la novela.
Mi principal motivación proviene del deseo de
aprender. Para escribir debo estudiar a mis personajes, su entorno, la cultura.
De eso me gusta saber. También aparece el ánimo de crear algo que, en la medida
de lo posible, otorgue placer estético a otros. Es decir, construir belleza.
Después, sin duda, la búsqueda del reconocimiento de otros. Legar a mis hijos y
mis nietos un mensaje y un recuerdo es parte de esto. Un libro es nuestra voz
lista siempre para sonar aun después de haber abandonado esta parte de tiempo y
el espacio.
Y, por final, como decía Fontanarrosa: “Escribo en
busca de cambios; cambiar el auto, cambiar la heladera, cambiar la casa...”
CHB.: Volviendo a su
novela, cuando terminó el primer manuscrito ¿Cómo logró que publicaran la obra?
¿En qué países se vendió?
Acabé con mi primer manuscrito a finales de
2007. Estamos hablando de “El Quinto Infierno, la vida de Lucio Cornelio Sila”.
A esa altura no tenía idea alguna acerca de cómo ir a la caza de un editor. Uno
de mis correctores me presentó a Jorge Guajardo, un sagaz conocedor del medio
literario argentino que reside en la ciudad de Córdoba. Jorge me invitó a su
librería y, café de por medio, me interrogó acerca de mi obra. Como le
agradaron mis repuestas y el argumento accedió a recibir una copia. La leyó y
pocos días después se comunicó conmigo para decirme que tenía una editorial
interesada: Longseller.
Y Longseller quiso editarlo para presentarlo en
la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires de 2008. Así pues, en los
primeros días de ese mismo año firmé el contrato con mis editores y nos pusimos
de cabeza a trabajar en la obra para llegar a tiempo a la feria. Fue
vertiginoso. Faltaban sólo unos meses para la inauguración.
Hubo algo de suerte, creo. Se vendió en toda
Latinoamérica y en España. También, a través de Internet, en países que no
pertenecen al arco hispano parlante, como por ejemplo Israel, Alemania o
Suecia. Pero estos últimos son, digamos, casos puntuales.
CHB.: ¿Por qué eligió la vida de Sila para su
primera novela? ¿Qué le atrajo de esta persona que vivió hace tantos años?

Valiente, sanguinario y sagaz, se desempeñaba
con la misma naturalidad tanto en los salones intelectuales como en los
lupanares de la ciudad; un gran mujeriego. Cantaba, componía canciones,
interpretaba instrumentos musicales y escribía obras de teatro. Hablaba el
griego con fluidez. Fue un político genial y un militar formidable. En él, se
decía, convivían un zorro y un león; y era mucho más peligroso el primero.
Eso me atrajo. Sobre todo, desentrañar cómo se
fueron encadenando los hechos que desde la nada lo encaramaron en la cima del
mundo.
CHB.: Para escribir tamaña obra debió haber
investigado muchísimo ¿A qué elementos recurrió para esto? ¿Antes de escribir
ya conocía datos sobre la Roma de esa época?
Recurrí a fuentes de todo tipo. Los clásicos en
primera instancia. Inmediatamente después a los romanistas de nuestro tiempo;
Grimal, Montanelli, etc. Internet es hoy una cantera inagotable; existen
infinidad de páginas serias que proporcionan información iconográfica de valor
inestimable. Por ahí también anduve buceando. Hoy es posible, por ejemplo,
relatar una batalla instalado virtualmente en medio del terreno a donde se
desarrolló. No es poco.
Hubo un viaje a Roma que fue anterior a la
decisión de escribir El Quinto Infierno. Fue muy útil. Y con esto contesto que
sí disponía de datos relacionados con la Roma antigua. Aunque no muchos.
CHB.: Al quinto infierno iban a parar, en la otra vida, las
almas de los héroes cuyas acciones habían sido opacadas por su crueldad, por esto mismo usted decidió titular así su libro
¿Cree que define la vida y el fin de Sila?

CHB.: Después de sorprender a todos con la
biografía del dictador, tomó a Paul Gauguin ¿Por qué decidió novelar la vida de
este pintor, siendo que es un personaje tan lejano de Sila?
Si bien son cronológicamente lejanos hay un
fuerte hilo conductor que los une. Me refiero a aquello a lo que ya hice
mención más arriba: ambos personajes arrancaron desde un entorno desfavorecido
y llegaron a la cúspide del éxito en su actividad.
CHB.: Con la vida de este exponente de la
pintura postimpresionista, también debió de haber investigado bastante ¿Terminó
por conocer mucho sobre el arte en general? ¿Cuál es su pintura favorita del
artista?
Sí, mi conocimiento acerca del arte en general
y en particular de la pintura se amplió. Eso siempre es bueno.

CHB.: La portada del libro es preciosa, ¿fue un
conocido suyo quien la pinto, verdad?

Para el de Sila fue otro plástico cordobés,
Cristian Asensio.
CHB.: Después de haber “convivido” tanto tiempo
con Gauguin, ¿A qué conclusión llegó sobre el pintor?
Gauguin fue un hombre convencido de que su obra
trascendería y sería revolucionara. Murió sin mayor reconocimiento y sin
embargo sabía que tarde o temprano ese reconocimiento llegaría.
Hay una pintura antes y después de Gauguin. Fue
el primero en animarse a colocar en la tela aquello cuanto la gente imaginaba.
“Cierro mis ojos para ver” decía. No es poco.
CHB.: “El derecho a desafiarlo todo” ¿Por qué
este título para Paul Gauguin?
Así lo escribió textualmente él en una carta
dirigida a un amigo. Consideraba que dado los sacrificios que había realizado
en pos del arte se había ganado el derecho de darle tanto a su paleta, como a
su vida personal, un carácter revolucionario. Y creo que era verdad. Por eso el
título. El francés lo desafió todo.
CHB.: Para su tercera obra no sólo cambió de
editorial, sino que eligió a un personaje femenino y un poco más actual que los
otros dos, estoy hablando de la señorita Marilyn Monroe ¿Cómo llegó a esta decisión?
¿Qué le interesó de la actriz?
Vamos por partes. Marilyn se casó tres veces,
así que prefiero llamarla señora... aunque esto es sólo una formalidad.
Y de nuevo volvemos a lo mismo, a aquello del
hilo conductor. Tal como dijo Strasberg durante su funeral: “A lo largo
de su vida creó el mito de lo que una muchachita nacida en un medio
desfavorecido puede llegar a obtener.” Marilyn fue eso, al igual que Sila y
Gauguin, alguien a quien el destino puso en un punto de partida de gran
desventaja y sin embargo logró alcanzar la cumbre. Por eso me interesó.
Tengo un contacto fluido con mis lectores. La
tecnología hoy lo permite. Me habían pedido que escribiera acerca de una mujer.
Estaba entre Frida, Marilyn y la Bolena. Al final me decidí por la norteamericana.
Tal vez porque me encanta el cine.
CHB.: Ríos de tinta corren sobre Monroe, una de
las figuras emblemáticas del siglo pasado ¿Fue difícil encontrar la manera de
hacer su obra original y distinta a todas las otras?
No lo fue. Por un lado, la biografía novelada
permite hacer jugar a los actores de una manera íntima y diferente. Eso siempre
atrapa, pues fomenta la curiosidad del lector. Por el otro, la capacidad con
que actualmente se cuenta para trabajar con imágenes. Esto es, acceder a una
enorme colección de fotografías. Las imágenes me permitieron incluir en la obra
una enorme cantidad de detalles hasta ahora desconocidos para el público en
general.
CHB.: Marilyn tenía fama, belleza, talento,
dinero ¿Por qué cree que tuvo un fin tan trágico?
No soportó el peso de la fama. Es un paradigma
en cuanto a la manera como se forja un mito. Marilyn aparece en el momento
justo en que la televisión, las revistas y el cine adquieren en conjunto una
masividad formidable. Se trata de uno de los primeros ensayos de fama obtenida
a través de los medios de comunicación.
CHB.: ¿Le parece que el hecho de haber muerto
joven y en forma un tanto misteriosa sirvió para hacer más famosa su figura?
Sí, por su puesto. La manera como vivió, en que
murió, sus relaciones y su juventud al momento en que la sorprendió la muerte
colaboraron en todo esto. Aparte, también buscaba mantener al margen, lo más
posible, su vida personal. Esto acrecentó el misterio que alimentó el mito.
CHB.: Leí en otra entrevista que para
investigar tuvo un equipo de colaboradores ¿Cómo fue trabajar con otras
personas?
Siempre es grato. El trabajo en equipo reduce
los errores, aliviana la carga, hace más amena la tarea y enriquece el
resultado final. No concibo encarar un libro sin un grupo que me secunde.
En un sentido más amplio, no existe libro sin
un equipo. Siempre hay correctores, editores, diseñadores gráficos e
impresores.
CHB.: Otra cosa que leí en el mismo texto es
que entrevistó a personas del círculo de la actriz ¿Cómo llegó a ellos? ¿Puede
decir de quienes se trata?
Accedí por casualidad. Uno de mis colaboradores
conocía a un importante empresario argentino que había residido en Los Ángeles,
un hombre de más de ochenta años. Y resulta que este individuo participaba
asiduamente en las mismas reuniones de productores, periodistas y estrellas que
narro en mi libro. La cosa es que en un par de estas fiestas se había cruzado
con Marilyn y también con Sinatra. Como de tanto en tanto volvía a Argentina no
dudé un instante. Apenas me enteré, en su siguiente visita a Córdoba estábamos
almorzando juntos. Se llama Emilio. Y ahí lo dejamos.
CHB.: ¿Tiene algún ritual o manía a la hora de
escribir?
Nada en particular. Puedo hacerlo en casi
cualquier sitio y situación. Aunque el silencio, lógicamente, siempre ayuda.
Me gustan las biografías noveladas. Irving Stone me resulta genial. Su obra maestra“ La agonía y el
éxtasis” es poderosa. Ése es el autor y ése es el libro. Me gusta mucho Truman
Capote y disfruto leyendo a Mario Puzo y a Osvaldo Soriano.
CHB.: ¿Qué tienen en común los personajes que
elige para trabajar?
Como comenté más arriba. Comenzaron desde una
situación de clara desventaja y sin embargo alcanzaron la cima.
CHB.: ¿Ya tiene pensado sobre quién va a
escribir en sus próximas obras? A mi, personalmente, me gustaría leer su pluma
hablando sobre Ana Bolena, que, por lo que sé, pensó en su momento hacerlo…
Sí. Estoy trabajando en nueva obra. No es sobre
Ana Bolena. Pero lo que sí es seguro es que ella estará en uno de mis próximos
trabajos. Es un personaje que me encanta.
CHB.: ¿Le gustaría probar con otro género de
escritura?
Sí, un día de estos quiero animarme a la
ficción. Lo más cerca que he estado son los cuentos infantiles.
CHB.: ¿Cree que su estilo va madurando?
Sí. Hay un aprendizaje permanente que se va
dando durante la tarea de redacción y que se plasmado en el estilo. Sólo hay
que vigilar que madure y no se pudra.
CHB.: Aparte de escribir ¿Qué otras actividades
realiza? ¿Cómo encuentra el equilibrio para hacer todo?
Sigo haciendo algo de ingeniería de sistemas.
Atiendo problemas o consultas de situaciones que me resulten atrapantes. Hay
mucho de creación y de arte en esa profesión. Sin embargo la labor de escritor
es la que más tiempo me lleva.
El deporte también ocupa una parte importante
en mi vida; tomado como actividad recreativa. Conduciendo mi bicicleta se me
ocurren buenas ideas para mis escritos. Hay algo mágico en esos paseos.
CHB.: ¿Qué consejos podría darle a todos
aquellos que quieren empezar a escribir?
Que no le tengan miedo al ridículo. Liberados
de sus temores se les aparecerá por delante un universo infinito de creación.
No florece la imaginación en los campos del temor. Y que busquen la crítica, en
de vez de rehuirle.
CHB.: Escribir es una actividad para pacientes
y perseverantes ¿Cuánto tarda en escribir y terminar sus novelas?
La primera, “El Quinto Infierno”, me llevó
cuatro años de estudio y dos de redacción. Las otras me tomaron más o menos dos
años cada una. Mi ritmo, una vez aprendido el tema, son unas cuatro páginas
diarias.
En realidad una novela, o cualquier otro libro,
jamás se termina pues, aun editado e impreso, uno encuentra alguna cosa que
podría cambiarse o modificarse. Siempre es así. Por eso un día hay que darle un
corte y ya.
CHB.: ¿Cuál de sus libros le recomendaría leer
a alguien que no conocía su obra?
Si es un gran lector le recomendaría “El Quinto
Infierno”. Si se trata de alguien que lee de vez en cuando “El derecho a
desafiarlo todo”. Y si es alguien que nunca leyó un libro o que es medio vago
para leer “El alma por cincuenta centavos”.
En cualquier caso estoy seguro que finalizado
uno la curiosidad lo llevaría a tomar otro.
Jorge, muchas gracias por su tiempo.
El agradecido soy yo. Fue una entrevista
inteligente con preguntas originales. Me sentí muy cómodo.
Bueno, queridos lectores, ahora que conocen a este genial escritor ¿Qué esperan para ir corriendo y comprar alguna de sus novelas?
Es un honor estar presente en tu blog, Constanza.
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